Que se jodan los cuernos. Y a nosotros… que nos follen

Letras & Poesía

Era un perfecto animal. Para ser un humano había pocas cosas que le hacían parecerlo. No sabía comerse un pollo sin parecer un cerdo, ni era capaz de andar sin arrastrarse como una serpiente. Tampoco podía hablar sin terminar ladrando como un perro. Es curioso, porque hablaba varios idiomas, sin embargo no conseguía moderar el tono de voz en ninguno de ellos. Lo cierto es que tampoco le preocupaba mucho, porque siempre le acompañaba la sensación de que la gente tampoco hacía mucho esfuerzo por entenderlo. Cuando llegaba de trabajar, ingería cantidades inhumanas de alcohol para poder dormir.
Nunca se acordaba de sus sueños, así que se bebía un mar para eclipsar la laguna que habría en su memoria después de dormir sus seis horas. Solo seis, más no… ya se le escapaba demasiada vida entre los dedos como para seguir perdiendo tiempo durmiendo, y encima no recordar nada. No…

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