Microfotorrelato. Hoy: El hechizo

Los 40 son los nuevos 30

La veía a diario, apoyada en la pared, con los ojos vendados, sosteniendo en las manos un ramito de flores, esperando no se sabe qué o a quién. La mayoría pensaba que a la muchacha se le había ido la cabeza, sin embargo él, que había leído muchos libros, sabía perfectamente lo que pasaba: la chica estaba bajo el influjo de un hechizo. Y él se propuso averiguar cómo romperlo.

Intentó preguntárselo directamente, claro, pero ella nunca, jamás, contestaba. Aún así, todos los días al salir del instituto, pasaba por su casa, y lo intentaba. Aunque al final siempre terminaba hablándole de sí mismo, de su vida, de sus anhelos e inquietudes, durante horas.
Y, aunque ella jamás le diera esperanza alguna, él acabó enamorándose perdidamente. Así que un día se armó de valor, acercó sus labios a los suyos y le dio un beso de amor verdadero. Y entonces…

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