El suave viento de la rambla

Letras & Poesía

Caro y Fredo caminaron despacito hacia la rambla. Un viento fresco los acompañaba. El aburrimiento se fue volando. Había una química agradable en el aire que los dos respiraban y no la querían dejar ir. Fredo se dio cuenta de que Carolina era una mina con la que valía la pena encarar algo más en serio.

—Pronto cumplo los dieciocho, Caro. Ja, ja, si me hubieras llamado dentro de unos meses, hoy te hubiera pasado a buscar en auto.

—Pero, divino, ¿de qué auto me hablás? Acá en Pocitos no vale la pena traer auto. Mirá lo que es esto, imposible andar. Con la vereda de la Rambla para caminar, tenemos de sobra.

Caro lo miró con una carita para derretir una estatua. Fredo se sonrió, un poco confuso. Se sentaron en el murito. Ella le empezó a contar cosas de su vida, que era bastante sencilla, sin sobresaltos.

—Vos…

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