La noche más larga

chamosaurio

Muchos tienen más de treinta años viviendo en el edificio. Tantos años compartiendo tanto: alegrías, angustias, las tradicionales peleas de vecinos que nunca pasaron de un chismorreo, de un viaje en ascensor sin saludo. Un edificio como cualquiera, con el vecino metiche, el moroso, el colaborador, el silencioso… Con ese apartamento lleno de chamos que los viernes no dejan dormir con su escándalo.
Esos chamos que vieron crecer, esos que hace nada -¡cómo pasa el tiempo!- se mecían en los columpios del parquecito. Esos, como Gustavito, que ahora es médico cirujano, y míralo cómo se ponía, cómo lloraba cuando veía sangre en una de sus rodillitas raspadas. O como Eugenia, tan bella, tan talentosa, siempre pintando flores bien bonitas que ahora vende muy bien en algunas galerías. Como Luis y Anabel, que desde chiquitos se hicieron novios y, por fin, se casan en septiembre. Y los que se graduaron de…

Ver o post original 683 mais palavras

Anúncios

Deixe um comentário

Preencha os seus dados abaixo ou clique em um ícone para log in:

Logotipo do WordPress.com

Você está comentando utilizando sua conta WordPress.com. Sair / Alterar )

Imagem do Twitter

Você está comentando utilizando sua conta Twitter. Sair / Alterar )

Foto do Facebook

Você está comentando utilizando sua conta Facebook. Sair / Alterar )

Foto do Google+

Você está comentando utilizando sua conta Google+. Sair / Alterar )

Conectando a %s